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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Laura Ladrón de Guevara




Consideramos importante reproducir esta entrevista, tomada del Diario Perú21 para destacar la labor que Laura Ladrón de Guevara, ha realizado a favor de la lengua quechua. Con 96 años, Laura siguió perseverando en la difusión de la lengua quechua que los peruanos deberíamos imitar y respetar

Autora de un diccionario quechua castellano inglés, entre otras obras vinculadas al quechua, Laura Ladrón de Guevara fue una de las candidatas al premio Orgullo Inca Kola. ¿La pertinencia de este trabajo? La misma de hace siglos: millones de peruanos están incomunicados. ¿Podemos considerarnos un país así? 

''Ya había enviudado y mis tres hijos estaban en la universidad cuando, de pronto, me acordé de mi infancia en el Cusco, donde había nacido, y del quechua, que me encanta, pero había estado casada con un limeño al que no le gustaba por nada", recuerda Laura Ladrón de Guevara. Nuestra conversación es escuchada por el resto de su familia reunida en casa.

Recién entonces se dedicó al quechua...

Ya no había quién me lo prohibiera. Entonces, empecé a ir a la Biblioteca Nacional a las 7 de la mañana, para revisar todos los libros sobre quechua. Y anotaba todas las palabras que no entendía. Luego empecé a ordenarlas, primero en español y, luego, en inglés. Al final, tenía una ruma de papeles que me tomó dos años ordenar. 

¿Cómo aprendió el quechua? 

De niña, con los campesinos de mi hacienda que estaba en la provincia de Anta, en Cusco. Yo paraba con los hijos de los campesinos, me iba con ellos detrás de las ovejas, por los cerros, y la pasaba hablando en quechua. Después entré interna a un colegio de monjas de españolas y, cuando murió mi mamá, entré el colegio de Santa Ana, de madres italianas. Total, no volví a hablar nada de quechua desde que tenía ocho años. Pocos meses después de salir del internado conocí a mi esposo, me casé y tuve mis hijos. Luego, vinimos a Lima, porque mi esposo era profesor de Bellas Artes. 



Me decía que era profesora...

En mis horas libres, decía ¿qué hago?. Y vi que había cursos del magisterio. Me inscribí y fui haciendo cursos de perfeccionamiento hasta que me nombraron directora de un instituto y, luego, me mandaron a Ayacucho a fundar otro. Me fui con mi hija y mi hijo mayor.

¿Y su esposo?

Estaba becado en París, estudiando en La Sorbona. Regresó a Lima cuando se le acabó la beca.

Dijo que a su esposo no le gustaba el quechua...

No. Cuando me escuchaba hablarlo con la servidumbre, que era la única oportunidad que tenía de hablarlo, decía, 'hablen en cristiano'. 

Qué pesado...

Y no sé por qué no le gustaba. Era un hombre culto. Pero después le dolió en el alma, porque en Francia le presentaron a una persona que estaba muy ansiosa de conocerlo. Se trataba de un ruso que sabía 27 idiomas y quería aprender el quechua. Y mi esposo no sabía ni A. Después me contó que, con la cara de vergüenza en el suelo, quiso que se lo tragara la tierra, porque no sabía el idioma de su patria. 

¿Ha escrito en quechua?

Traduje algunas poesías y bastantes cuentos. Sonqoypin chukikuna paqarishan / chiwanwaypa saphinta wit'urispa / nunaranin takiyta sumaq kayman / ychaqa llaki kan / nishu nak'ariy. Significa: me están naciendo espadas en el alma / que cortan las raíces de mis lirios / yo quería cantarle a la belleza / pero hay tanto dolor, tanta tristeza... Son los primeros versos del poema Vox Populi, de Eduardo Barrios.

¿Qué le inspira el quechua? 

Para mí, son los cimientos del gran edificio que significa mi patria. Porque el quechua viene del aymara. Nuestro primer gobernante no se llama Manco sino Mayco, que quiere decir rey soberano. Mayco es palabra aymara.

¿Cómo está segura?

Porque tenía un diccionario aymara donde encontré infinidad de palabras quechuas. Ese libro ya lo doné a la Universidad del Cusco, que es donde debo dejar mis libros, porque, en mi casa, mis hijos no hablan quechua; entonces, qué les va a interesar, y la muerte me está acechando.

¿Qué otros trabajos está haciendo?

He escrito cuentos, una novela a base de hechos verdaderos que sucedieron en el Cusco y, ahora, estoy trabajando en un diccionario de toponímicos. 

Nombres de lugares. Son los que menos cambian con el paso del tiempo. ¿Qué ha encontrado?

El doctor Rafael Aguilar Paéz decía que Arequipa, por ejemplo, venía de ari quepaichis. Arí quiere decir sí, quepaichis, quédense. A mí me correteaba la idea de que no podía ser. Total que una vez que voy a Arequipa, me encuentro con que areq también significa volcán, cosa que desconocía porque en Cusco nunca se había hablado de eso. Y jepan es atrás. Entonces, pensé, areq jepan, que es la ciudad de atrás del volcán. 

En las ciudades grandes casi nadie habla quechua...

Es injusto. Es un abuso. ¿La gente que habla quechua, cómo le dice a un médico sus síntomas o qué le duele a su hijo? Es como si usted hablara con un ruso... y quizá se comunique mejor. Todos los peruanos debemos saber por lo menos lo básico, igual que saben lo básico del inglés. Me parece una injusticia con esa gente que vive aislada de la civilización. Por eso nació el terrorismo, porque ellos no tienen escuelas, porque no les enseñan el castellano. ¿Y, además, por qué los que hablan castellano no saben quechua?

Entrevista Tomada del Diario Perú 21.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Etimología (con sentido) de Arequipa

¡PELIGRO! ¡POST EXTENSO!

(pero buenísimo)


Me llama la atención, el por qué la tradición y la leyenda se impusieron en la explicación etimológica de la palabra Arequipa.

El nombre Arequepay lo llevan hoteles, restaurantes, negocios diversos y hasta una canción de Chabuca Granda. Es mencionado en medios escritos y expuesto por los guías de turismo a cuanto visitante les es posible. Etimológicamente hablando, probablemente sea el significado más difundido en el Perú.

Cuenta la tradición mencionada, que los soldados del Inca Mayta Cápac le pidieron permiso para quedarse en el valle del río Chili porque quedaron maravillados por la belleza del paisaje y la suavidad del clima. Y según esta leyenda, el inca respondió "Ari qhipay" ("Sí, quedaos" en quechua).

Quisiera hacer algunas observaciones que podrían contradecir esto:

Si queremos decir sí en quechua, no se dice Ari sino Arí, con tílde. Las palabras quechuas son graves. No hay palabras esdrújulas o sobreesdrújulas; tampoco hay palabras agudas, salvo estas pocas excepciones: las que llevan el sufijo conjetural chá; unas 8 interjecciones; y un par de palabras que expresan afirmación, Hinayá y Arí.

Mayta Cápac, el cuarto inca, no llegó nunca con un ejército a Arequipa. Perteneció a la fase conocida como Curacazgo del Cusco. Fue Pachacútec, el octavo Inca, el que comenzó con la fase de expansión, llamada también Tahuantinsuyo o Imperio.

Difícil que el inca haya hablado con sus soldados. El Inca jamás tenía trato directo con el pueblo; ni siquiera se le podía mirar a los ojos. Era asistido por familiares, funcionarios y sacerdotes de la nobleza.

La nobleza Inca no hablaba quechua sino puquina que era su lengua críptica; lengua hoy extinta pero de la cual quedan muchos nombres conocidos. El quechua y el aimara eran las lenguas del pueblo.

Una de las características más importantes de nuestra toponimia indígena (o sea los nombres de lugares habitados y no habitados, incluidos ríos, montañas, lagos, etc.) es que indicaban claramente las características físicas del lugar y eran inmediatamente comprensibles para el que hablaba la lengua. No tienen relación con personajes históricos, míticos, religiosos, de situaciones ni menos de acciones, como este caso en particular. Ese es un concepto español y occidental.

Es occidental también el pensar que un súbdito le pudiese decir al Inca: “Jefe, nos cansamos, este valle está muy templado y muy bonito. Nos quedamos”. Peor aún que el Inca le responda: “Quédense, yo me regreso solo y si pasa algo yo mismo soy”.

A muchos nombres propios de lugares y personajes de nuestra cultura andina se les ha querido dar una explicación buscando un origen quechua; pero aquí se incurre en un grave error (aunque podría ser que efectivamente este nombre provenga del quechua). Es verdad que muchos de los lugares en esta parte del sub continente tienen nombre quechua, pero no todos son los nombres originarios. Y esto se dio porque los curas españoles evangelizaron en quechua, ya que era la lengua más comprensible por los antiguos peruanos, y eran estos curas los encargados de elaborar los mapas utilizados en su evangelización. Pero a la llegada de los españoles se estima que las lenguas habladas en el Tahuantinsuyo y en la Amazonia eran más de 300.

Lo que parece ser cierto es que es un nombre que viene de una lengua del lugar (se habló proto-quechua, puquina y aimara en la zona). También que es un nombre formado por dos palabras como la mayoría de los nombres andinos y que tiene que ver con una característica del lugar.

Todo aquel que ha estado en Arequipa y contempla los alrededores del valle puede decir sin la menor duda que la característica más resaltante es la majestuosidad de su volcán. Y existen otras teorías que explican el nombre en este sentido:
  • El Padre Valera afirma que Arequipa, es voz aimara y significa “Trompeta Sonora”.
  • Según Middendorf y Kimmichi, la palabra Arequipa no es quechua sino aimara, significando “Ari” (cumbre) y “Queppa” (detrás); de donde se infiere que Arequipa significa ciudad situada detrás de la cumbre.
  • El bibliógrafo boliviano Acosta sostiene igualmente el origen aimara de la palabra Arequipa, diciendo que “Ari” significa filo y “Quepa” detrás; esto es detrás del borde de la cordillera.
  • Mi abuela, Laura Ladrón de Guevara de las Casas, que escribió un extenso diccionario trilingüe Español-Quechua-Inglés, solía decir que Arequipa provenía de dos voces quechuas, “Areq” (Volcán) y Qhepapi (detrás de); o sea, la ciudad que está “detrás del volcán” viniendo en dirección de la región de habla quechua.


Como dato adicional, que quizá pueda reforzar esta teoría, quisiera hablar del término Characato. El escritor Chalaco Tauro del Pino (nacido en el siglo XX y que nunca fue quechua hablante), nuevamente forzando un origen quechua, dice que el término Characato proviene del quechua “saraqato” (venta de maíz). Otra vez dándole un significado proveniente de una acción y haciendo una comparación forzada. Lo curioso es que Martha Hildebrant se apoya en esta etimología cuando explica que la palabra también se utiliza como gentilicio familiar de Arequipa (como ustedes saben, a los arequipeños se les dice characatos). Cuando lo dice alguien con renombre, se lo da por hecho sin ningún análisis adicional.

Sin embargo, dentro de los pocos datos registrados de la lengua puquina por un fraile a comienzos de la colonia se encontró que “characato” significa cerro luminoso o cumbre reluciente. Es que a mi parecer no habría otra forma de nombrar a este valle dentro del imaginario andino sin hacer alusión al volcán. Esta era la lengua de la cultura Tiahuanaco que ocupó esa región antes de los incas.

Como dijo Ricardo Palma: "No soy muy entendido en el tema...Si hay quien lo explique mejor, que levante el dedo».

Aporte de: HVG


Anotaciones Extra:

Cuando los Incas en el gobierno de Pachacútec inician su política expansionista más o menos el año 1450 D.C., envían un ejército hacia el norte y otro hacia el sur de lo que sería el Imperio del Tawantinsuyu y el ejército del Sur llega a las inmediaciones de la actual ciudad de Arequipa que, viniendo del Cusco, queda justamente detrás del volcán Misti. De allí el nombre.

Laura L.D.G. sobre estas incongruencias idiomáticas, decía también que el nombre con el que conocemos a la Huaca ubicada en Miraflores y que hasta hace unos años era "Huaca Juliana" y después fue "Huaca Pucllana" también estaba equivocado, pues el nombre correcto debe ser "Huaca Qcollana" esgrimiendo para esto razones de peso. Decía que en quechua "Pucllana" quiere decir "juguete", término que no guarda ninguna relación con el centro ceremonial prehispánico. Decía Laura, que el nombre correcto debía ser "Qcollana" que significa "La más importante", término quechua que sí guarda relación con este centro ceremonial prehispánico del valle del Rímac.

Aporte de: Carlos Guzmán Ladrón de Guevara
Doctor en antropología